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CUANTA RAZÓN TIENE HILDEBRANDT.

En: Jhoni Jara
"El actual alcalde de La Victoria reúne todos los requisitos que la ciudadanía
parece demandar en estos tiempos: Es simpático, es pródigo de habilidades
diferentes, se lleva bien con un amplio sector de la prensa y no tiene ni idea de
que hacer con el país".
#CésarHildebrandt
MESES DESPUÉS NO SE QUEJEN!!! … César Hildebrandt (Matices)
HAGÁMOSLO DE UNA VEZ
César Hildebrandt (Matices)
“… ¿Cuándo fue que nos empezamos a ir al demonio? Es difícil fijar la fecha,
ponerle día y hora a la catástrofe. Lo cierto es que, al final, los decentes
huyeron de la política y el lobismo se hizo cargo del Congreso”…
Terminemos de una vez: votemos por George Fosyth. Es hora de completar la
tarea de hacer de este país la comedia involuntaria que siempre, en el fondo,
hemos querido ser.
Con Forsyth nos coronaríamos. El actual alcalde La Victoria reúne todos los
requisitos que la ciudadanía promedio parece demandar en estos tiempos: es
simpático, es pródigo en habilidades diferentes, se lleva bien con un amplio
sector de la prensa y no tiene idea que hacer con el país. ¡Perfecto!
Y si a eso le añadimos el Congreso que nos espera, estaremos completos.
Doscientos años de haber trabajado duramente en la construcción de una
republiqueta tendrán un desenlace majestuoso.
¿Cómo llegamos a esto?
Todo empezó cuando los partidos políticos se vaciaron de contenido y se
convirtieron en rampas de lanzamiento de gentuza que pagaba en subastas su
posición en la cédula electoral. Los partidos históricos murieron de vejez y

quienes sucedieron a los antiguos liderazgos salieron de la conserjería y del
patio de deportes. Y en el caso del Apra, el Haya errático y honrado fue
reemplazado por quien fue el mejor orador de la región y, al mismo tiempo, el
más amigo de lo ajeno de esta patria que abunda en malandrines.
Cuando este columnista y peatón, feliz y sin recuerdos, la política peruana era
un sector de la cultura. Uno podía hablar con Andrés Townsend de Bolívar y
sus contradicciones, con Cornejo Chávez de la derechización de la Democracia
Cristiana germana por injerencia de los Estados Unidos y el peso de la guerra
fría, con Ricardo Napurí del desarrollo desigual y combinado en la teoría de
Trotsky, con Sánchez de Valdelomar y su amos por la morfina y los polvos
cosméticos, con Genaro Ledesma de las exigencias de Manuel Scorza, su
socio de aventuras en alguna isla del Gallo. ¿de qué podíamos hablar con
Javier Diez Canseco? Aceptaba hasta discutir sobre Robespierre. Y cuando
uno se cansaba del elenco de los políticos podía preguntarle a Blanca Varela,
cuando hacía el suplemento cultural de “Caretas”, cuánto pesaba la herencia
de Vallejo en las generaciones que precisamente debían librarse de él.
Lo que quiero decir, humildemente, es que el Perú no quería entrar a la CODE
ni se jactaba de tener miles de millones en el BCR, pero parecíamos un país
donde la inteligencia y el humanismo reclamaban su sitio. Roberto Ramírez del
Villar construía su enfisema pulmonar fumando como un loco mientras
argumentaba con brillo las tesis de los tories peruvianos. Eran los mismos
argumentos que durante años había lanzado “La Prensa”, de Beltrán, el mejor
diario salido de alguna rotativa del Perú (más allá de su conservadurismo casi
texano que tanto me repetía). Y frente a este diario que debía tener un busto de
Teodoro Roosevelt en la entrada, estaba “El Comercio” que dirigía, mismo
Napoleón, don Luis Miró Quezada de la Guerra, un señor con el que hablé
muchas noches para un libro que Pedro Rojas (Abelardo Oquendo para sus
amigos) no llegó a publicar por un veto de los Miró Quezada herederos. Don
Luis era un hombre que no se avergonzaba si decía la palabra que hoy no se
pronuncia: patria. Y la decía con énfasis mientras le pedía a Viruca, su hija, que
por favor trajera algunas galletas y quesitos de triángulo.
¿Cuándo fue nos empezamos a ir al demonio?
Es difícil fijar la fecha, ponerle día y hora a la catástrofe. Lo cierto es que, al
final, los decentes huyeron de la política y el lobismo se hizo cargo del
Congreso.
Y llegó el primer García con su corte de las milagros, sus pasamontañas, sus
uñas de capitán Garfio. Mientras se robaban el país desde palacio de gobierno
(con minúsculas), un hijo del desvarío albanés, un maldito iluminado que decía
haber leído a Kant en traducciones de mimeógrafo, un sociópata armado que
se hacía llamar la cuarte espada del marxismo –leninismo hacía su trabajo de
“batir el campo”.
Fue esa combinación -García + -Guzmán- la que produjo a Fujimori, ese
Frankenstein hecho de múltiples cadáveres hecho de múltiples cadáveres.

El chino de la yuca y del bacalao tóxico terminó con el terrorismo planteando la
barbarie controlada como método sustitutorio y nos sacó de la crisis económica
haciendo una caricatura de la economía de mercado que sus mentores
preguntaban. Terminamos con el terrorismo gracias a un régimen que
corrompió la médula del país creando un estilo mercenario de hacer política y
pudriendo a las fuerzas armadas y a la prensa, que se prestaron al juego. Y
salimos del pantano económico donde nos había sumergido García
construyendo un modelo económico hecho para que las empresas hicieran lo
que quisieran y el Estado quedara prescrito de todo control real. No hablemos
siquiera de los Colina, los Hermoza o los Joy Way: hablemos del
neoliberalismo que en dosis de caballo debimos aceptar y cuya expresión más
ruidosa y urbana fue la llamada cultura combi, los timones cambiados, la
chatarra nipona resucitada en talleres chicha y donde, a partir de ese momento,
se apretujarían indignamente los “salvados” por el fujimorismo.
No nos hemos repuesto de ese golpe que destrozó el país por dentro. No
hemos terminado de convalecer. No sabemos qué hacer con estas ruinas.
Fujimori acabó con el tejido social que había permitido el diálogo, el equilibrio,
la vocación de identidad nacional. ¿Qué pasa cuando un país ve podrida a sus
fuerzas armadas, cancelado el sistema de justicia, arrendada a la prensa,
comprados a sus progresistas, allanado el poder electoral, intimidado el
Tribunal Constitucional, secuestrada la Fiscalía, sometido al Contralor General,
emputecida la televisión? ¿Qué pasa cuando ese país sigue viendo a los
defensores de ese holocausto institucional amagando elecciones y
parapetados en el Congreso?
Pues pasa todo lo que hemos visto. Pasa que nos arrebataron la agenda de la
historia y nos dejaron el diario de la sobrevivencia. Pasa, en resumen, que
Forsyth pueda ser el presidente del bicentenario.
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Tomado de Hildebrandt en sus trece N° 497. Viernes 10 de julio 2020.




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